Mientras cenaban algo sencillo, cortesía de su anfitrión, Adair y Leia no podían quitarse los ojos de encima, aunque intentaban disimular. En vano, porque saltaban chispas apreciables a simple vista. Luke estaba a la vez preocupado y divertido. Ningún hombre quería saber nada de la vida sexual de su hermana, era mejor fingir que no existía. Pero a la vez recordaba como hace mucho tiempo en otro mundo, ella se quejaba de que nunca encontraría a un hombre que se interesase por ella, ¡y ahora se le iba a adelantar! De todos modos, pensaba cumplir la promesa que se hicieron mutuamente en esa lejana habitación de colegio mayor de Salamanca.
- Mañana bien pronto empezaré con el eje -dijo Saor, sobresaltando a todos-. Pero ya os aviso que tardaré varios días.
- No es problema -le tranquilizó Adair, despegando sus ojos de Leia y mirando al carpintero a la cara-. Y mañana mismo buscamos alojamiento en una posada.
- No sé en lo que andaréis metidos, pero me parece que sería mejor que os hospedaseis aquí mientras estáis en la cuidad. No creo que ninguna posada sea suficientemente segura para vosotros -se ofreció el carpintero-. Siempre que paguéis vuestra comida, que tampoco voy a manteneros yo.
- ¡Muchas gracias! -contestó Leia, con el agradecimiento y la sorpresa patentes en su voz. Se había dado cuenta de que estaban metidos en algo peligroso y aún así arriesgaba su vida por ayudarles, bueno, por lo menos al trovador. Estaba alucinando con lo perspicaz que era el anciano carpintero. Aunque quizá éste no pensaba que le podía costar la vida o algo peor. Y, a pesar de lo que dijese Adair sobre la amistad en su “mundo”, era mucho más fuerte que la que siempre había conocido. Exceptuando a su hermano, por supuesto. Sabía que daría la vida por ella, y él sabía que el sentimiento era recíproco.
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Numero de palabras - Hoy: 985 | November: 28,752 | 2005: 30,875